La crisis del Covid19 está imponiendo una economía sin contacto –“low touch economy”- e impulsando la transformación digital de las empresas. El teletrabajo, la telemedicina, la educación a distancia o los “webinar” son algunos ejemplos de cómo hemos sustituido relaciones personales por relaciones a distancia.

Las empresas se han visto obligadas a analizar el impacto de la pandemia en sus relaciones con clientes, con proveedores y con empleados, debiendo adoptar medidas para mantener su actividad diaria dentro de esta “nueva realidad”, con el fin de minimizar cualquier riesgo de contagio.

Muchas de estas medidas se quedarán ya para siempre, pero otras no: la gestión de clientes y la de las personas/equipos, por ejemplo, requieren un contacto directo y personal que es insustituible, y ahora, más que nunca, somos conscientes de ello.

Sí que es importante que las organizaciones aprovechen este nuevo entorno y analicen todos sus procesos para, si es posible, optimizarlos y, sobre todo, identificar, en el contexto actual del mercado, dónde está el verdadero “core” de nuestro negocio, ejercicio que en muchas ocasiones nos traerá reflexiones estratégicas importantes: ¿cuál es “core” del negocio de El Corte Inglés, Mercadona, Inditex o el Banco Santander?.

El pasado 9 de Julio el Banco de España publicó el informe trimestral de resultados de las empresas no financieras referido al primer trimestre con la siguiente conclusión para la muestra de empresas que componen el estudio: caída del 63% del resultado ordinario neto, teniendo en cuenta que el estado de alarma sólo afectó a la segunda mitad del mes de marzo.

Sin duda la tónica será la misma en los próximos trimestres: caídas de resultados y, además, aumentos significativos de endeudamiento. Con este panorama, ¿qué ocurrirá en el 2021 con la financiación de las empresas?: PLANIFICACIÓN Y ANTICIPACIÓN:

  • Cierres mensuales que permitan ver mensualmente la evolución de la compañía.
  • Previsiones trimestrales de caja para visibilizar la tesorería a corto plazo.
  • Estrecha relación con los proveedores financieros.
  • Planificación mensual de los próximos 12 meses, bajo un escenario de máxima prudencia e identificación de medidas para no que haya tensiones de liquidez.

Tras el final del estado de alarma, afrontamos una fase de incertidumbre, a la espera de la vacuna, en la que las compañías deberán afrontar procesos de reestructuración/reorientación de cuyo éxito dependerá la viabilidad a futuro de su negocio.

 

Si nuestra economía necesita una recuperación lo más rápida posible, uno de los principales focos de atención, y de medidas, debiera ser la reactivación e impulso de nuestras exportaciones: en el 2019 fueron más de 200 mil las empresas que exportaron y lo hicieron por un volumen de más de 290 mil millones de euros.

En el mes de abril de 2020, el dato de exportaciones de mercancías registró una reducción del 39,3% respecto al mismo mes del año anterior, % que representa una caída de unos 10 mil millones de euros en el mes.

Este % de descenso fue superior al experimentado por la zona euro (-30,6%) y la Unión Europea (-30,5%).

A nivel de sectores, destacó el incremento de la alimentación y la caída generalizada del resto de sectores. Si analizamos los diferentes subsectores, podemos reseñar lo siguiente:

  • Por el lado positivo, destacar los productos cárnicos, las frutas/hortalizas/legumbres y los medicamentos, que registraron variaciones positivas.
  • Por el lado negativo, mencionar el petróleo, la metalurgia, los plásticos, todos los bienes de equipo (industria, transporte y otros), el automóvil y la industria textil.

Nuestra recuperación dependerá en gran medida de la reactivación de nuestras exportaciones y serían interesantes planes sectoriales para ello.

La crisis del 2008 se inició con una crisis de crédito e inmobiliaria que desencadenó una crisis bancaria que llevó a las entidades financieras a restringir el crédito a un sector empresarial que, debido a su elevado endeudamiento, no pudo atender sus obligaciones.

Sin embargo, la realidad actual es distinta: el sistema bancario está en otra situación, el BCE ha reaccionado de forma mucho más contundente de lo que lo hizo en la crisis anterior y nuestras empresas tienen un endeudamiento muy inferior. No obstante, no debemos confiarnos hablando de recuperaciones en forma de “V”, dado que hay riesgos que en la crisis anterior no teníamos y ahora sí y, además, hay factores “propagadores” de la crisis que podrían activarse, de nuevo, y llevarnos a un escenario económico en forma de “L”.

Entre los riesgos que tenemos en el escenario actual queremos destacar el hecho de que todos los países de nuestro entorno están sufriendo la crisis como nosotros, de forma que el sector exterior no va a ser el “driver” de crecimiento que tuvimos en la anterior crisis. Y entre los factores “propagadores” tenemos que hacer especial mención a los impagos que irán llegando al sistema: el Ministro de Justicia advirtió ya hace unas semanas del “alud” de concursos de acreedores que se esperan.

Por todo ello hay que actuar ya, y necesitamos pasar de las medidas para la “hibernación” a las medidas para la reactivación, la “V” no es automática, sino que requiere medidas concretas. Estas medidas debieran girar en torno a 3 grandes objetivos:

1) En primer lugar minimizar el desempleo, lo cual sólo se consigue dando confianza y certidumbre a los agentes empresariales nacionales y extranjeros (necesitamos la inversión exterior)…, justo lo contrario de lo que ha pasado en estas últimas semanas.

2) En segundo lugar canalizar adecuadamente la inversión y el gasto públicos hacia la economía real, con planes claros de reactivación para aquellos sectores y agentes que son realmente estratégicos para nuestra recuperación.

3) En tercer lugar, velar por el acceso a la financiación de los agentes empresariales, sobre todo de las pymes y los autónomos, complementando a la banca.

El debate ahora no debe ser el político/ideológico, sino el económico, y el reloj está ya en marcha.